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El paisaje del Delta tiene una fuerte personalidad. Las tierras totalmente planas le conceden un aspecto particular. Los extensos arrozales, cambian según las estaciones, (terrosos en invierno, inundados de agua en primavera, verdes en verano), dominan la fisonomía del Delta. En la parte litoral encontramos uno de los paisajes más atractivos de la Mediterránea: grandes lagunas rodeadas de cañizares y juncales. En la parte periférica encontramos grandes extensiones de suelos salinos con saliníferos y playas largas y desiertas, con dunas coronadas de borrón y otras plantas bien adaptadas al medio.
Las aves del Delta tienen una importancia cuantitativa y cualitativa de relevancia internacional. El Delta arropa algunas de las colonias de cría de aves marinas más importantes de la Mediterránea. Al Delta se han observado más de trescientas cincuenta especies de las cerca de seiscientas que existen en toda Europa.
 
El Delta del Ebro es una área extraordinariamente plana que presenta unas características físico-químicas diferentes y cambiantes resultantes de la confluencia de dos medios tan opuestos como el marino y el continental, la cual ha determinado que este espacio, relativamente reducido, reuna una diversidad de ambientes que hacen de este humedal una zona de interés internacional: río, mar, radies, playas, dunas, saliníferos, bosque de ribera, lagunas costeras y “ullals”, forman el paisaje natural del Delta y albergan una gran diversidad de organismos adaptados a diferentes ambientes que genera la gran riqueza de especies que califica el Delta. Pero, se tiene que especificar que con la fuerte humanización y la transformación de la mayor parte de la plana deltáica en terrenos de cultivos se han agregado nuevos ambientes que han generado ecosistemas de gran importancia para la diversidad de la flora y fauna: El arrozal y la huerta.